dijous, 15 d’octubre de 2009

La trista i recent història del 9 d'octubre


Ja s'han complit 30 anys de la cel·lebració de la Diada del País Valencià amb més violència política de la història recent. Aquell 9 d'Octubre del 1979, l'alcalde de València Ricard Pérez Casado i el president de la Diputació, Manuel Girona, a banda d'autoritats acadèmiques i membres del consistori, foren brutalment agredits per coneguts ultres davant la mirada passiva de les forces de seguretat posfranquistes. Aquesta jornada de violència feixista preconfigurava allò que es desenvoluparia al País Valencià: la xacra de la violència anticatalanista, la pesta blava. Recuperem doncs dues cròniques, una del diari El País i una altra de la revista Valencia Semanal, d'aquella jornada negra durant la qual els catalanòfobs del GAV i els neofeixistes valencians dispararen contra l'Ajuntament, cremaren banderes oficials i agrediren salvatgement les autoritats i els ciutadans. Tot sense que hi haguera cap detenció. Una situació -la impunitat feixista- que malauradament continua al nostre País.

Tal com relatava la periodista Rosa Solbes en Valencia Semanal, ja "a las 11.15 alguien de entre la multitud dispara un balín de calibre nueve milímetros que rompe un cristal del balcón de las banderas [de l'Ajuntament]". Més tard, "tres jóvenes que gritan 'País Valencià' son apaleados en la calle Periodista Azzati. Entre los agresores, según un testigo se encuentra el famoso ultra Marí Montañana". A les 11.30 els ultres que es concentren front l'Ajuntament cremen les banderes amb un artefacte incendiari, una 'acció' reconeguda més tard pel GAV. Jaime Millàs ho relatava així al dia següent en El País: "Mientras aumentaba el ambiente de crispación, coreado con gritos a favor de la enseña de la ciudad, desde el público fue lanzada una bengala que prendió fuego a la bandera del Consell (de cuatro barras con el escudo propio de la institución autonómica), que ondeaba en los mástiles del balcón junto a la bandera nacional y la bandera de la ciudad de Valencia, que también ardieron". Després, "las autoridades militares que asisten anualmente a esta procesión se retiraron de la plaza del País Valenciano después de que fuese quemada la bandera nacional, y posteriormente fue aplaudido el gesto del concejal de UCD, Rafael Orellano, ex presidente del Grup de Acció Valencianista (GAV), quien mostró al público los restos de la franja azul".

"A las 11.50 sale la comitiva con intención de trasladarse al Parterre. La multitud se lanza contra ella sin demasiadas dificultades. Media docena de policías nacionales cubren el flanco izquierdo. El resto de los policías presentes (cerca de cincuenta) no interviene. Los ultras se lanzan contra el rector Joaquín Colomer y le hieren con un palo en la nariz, rompiendo sus gafas. Concejales y funcionarios han de defender al alcalde y presidente de la Diputación. Alguien se acerca a ellos con una navaja. La comitiva se ha roto por la mitad y el grupo retrasado ha de refugiarse en el Ayuntamiento", explica la revista Valencia Semanal. Un cop superada la primera agressió a les autoritats "la Corporación decide acudir al Parterre. El alcalde llega con un coche de la policía municipal. Al bajar es agredido con palos. Los fascistas gritan: 'lo vamos a matar'. Sus compañeros tienen que protegerle". En un peu de foto del reportatge de Valencia Semanal la revista indica: "el mismo lector reconocerá a los fascistas, tantas veces denunciados y jamás detenidos" (una frase molt il·lustrativa de l'ambient). El País continuava la crònica: "durante el trayecto de regreso de las autoridades al Ayuntamiento se formó un cordón de protección ante los continuos insultos y la posibilidad de una agresión física. Sin embargo, el cordón resultó insuficiente para frenar las agresiones de unos dos centenares de manifestantes que en actitud provocativa agredieron en distintas ocasiones tanto al alcalde, que perdió sus gafas, como a otros miembros de la Corporación y acompañantes. La comitiva, que contó con protección de la Policía Nacional y Municipal, se vio obligada a finalizar el trayecto corriendo". En conclusió, Rosa Solbes afirma que "el escándalo de Valencia -la vergonzante impunidad de la ultraderecha- ha trascendido a la prensa estatal como noticia de primera plana. En los pasillos de las Cortes se comenta la barbarie fascista. Algún diputado de UCD tiene la desfachatez de echarle la culpa a la izquierda".